Misas fúnebres en la iglesia de Santa María † Nuestra Señora de la Paz

En la parroquia de Santa María † Nuestra Señora de la Paz, queremos expresarles nuestras más sentidas condolencias por la pérdida de su ser querido. Si bien la muerte de un ser querido siempre es difícil, nuestra fe nos recuerda que nuestro Señor es el Dios de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras aflicciones y nos capacita para consolar a quienes sufren con el mismo consuelo que hemos recibido de Él. Oramos para que nuestro compasivo Señor los acompañe de manera especial durante este tiempo de duelo.
Cuando fallece uno de sus miembros, la Iglesia anima a celebrar una Misa de difuntos con el cuerpo presente. En esta liturgia, la comunidad da gracias a Dios por la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, y encomienda el alma del difunto a la misericordia divina. Esto también puede ser un gran consuelo para los afligidos, quienes se reúnen con amigos y familiares para encomendar el alma de su ser querido al cuidado de nuestro Dios misericordioso.
Por favor, comuníquese con nuestra secretaria parroquial al (970) 668-0250 durante el horario comercial habitual para notificar a la parroquia sobre el fallecimiento de un miembro de la familia.
Si es fuera del horario de atención, puede seleccionar la opción "Emergencia Sacramental" del menú para contactar con un sacerdote.
Planificación litúrgica
1. 2 Maccabees 12:43-46
He acted in an excellent and noble way as he had the resurrection of the dead in view.
A reading from the second Book of Maccabees
Judas, the ruler of Israel,
took up a collection among all his soldiers,
amounting to two thousand silver drachmas,
which he sent to Jerusalem to provide for an expiatory sacrifice.
In doing this he acted in a very excellent and noble way,
inasmuch as he had the resurrection of the dead in view;
for if he were not expecting the fallen to rise again,
it would have been useless and foolish to pray for them in death.
But if he did this with a view to the splendid reward
that awaits those who had gone to rest in godliness,
it was a holy and pious thought.
Thus he made atonement for the dead
that they might be freed from this sin.
The word of the Lord.
2. Job 19:1, 23-27a
I know that my Vindicator lives.
A reading from the Book of Job
Job answered Bildad the Shuhite and said:
Oh, would that my words were written down!
Would that they were inscribed in a record:
That with an iron chisel and with lead
they were cut in the rock forever!
But as for me, I know that my Vindicator lives,
and that he will at last stand forth upon the dust;
Whom I myself shall see:
my own eyes, not another's, shall behold him;
And from my flesh I shall see God;
my inmost being is consumed with longing.
The word of the Lord.
3. Wisdom 3:1-9 (short form, 3:1-6, 9)
As sacrificial offerings he took them to himself.
A reading from the Book of Wisdom
The souls of the just are in the hand of God,
and no torment shall touch them.
They seemed, in the view of the foolish, to be dead;
and their passing away was thought an affliction
and their going forth from us, utter destruction.
But they are in peace.
For if before men, indeed they be punished,
yet is their hope full of immortality;
Chastised a little, they shall be greatly blessed,
because God tried them
and found them worthy of himself.
As gold in the furnace, he proved them,
and as sacrificial offerings he took them to himself.
[In the time of their visitation they shall shine,
and shall dart about as sparks through stubble;
They shall judge nations and rule over peoples,
and the LORD shall be their King forever.]
Those who trust in him shall understand truth,
and the faithful shall abide with him in love:
Because grace and mercy are with his holy ones,
and his care is with his elect.
The word of the Lord.
4. Wisdom 4:7-15
An unsullied life, the attainment of old age.
A reading from the Book of Wisdom
The just man, though he die early,
shall be at rest.
For the age that is honorable comes not
with the passing of time,
nor can it be measured in terms of years.
Rather, understanding is the hoary crown for men,
and an unsullied life, the attainment of old age.
He who pleased God was loved;
he who lived among sinners was transported–
Snatched away, lest wickedness pervert his mind
or deceit beguile his soul;
For the witchery of paltry things obscures what is right
and the whirl of desire transforms the innocent mind.
Having become perfect in a short while,
he reached the fullness of a long career;
for his soul was pleasing to the LORD,
therefore he sped him out of the midst of wickedness.
But the people saw and did not understand,
nor did they take this into account.
The word of the Lord.
5. Isaiah 25:6a, 7-9
He will destroy death forever.
A reading from the Book of the Prophet Isaiah
On this mountain the LORD of hosts
will provide for all peoples.
On this mountain he will destroy
the veil that veils all peoples,
The web that is woven over all nations;
he will destroy death forever.
The Lord GOD will wipe away
the tears from all faces;
The reproach of his people he will remove
from the whole earth; for the LORD has spoken.
On that day it will be said:
"Behold our God, to whom we looked to save us!
This is the LORD for whom we looked;
let us rejoice and be glad that he has saved us!”
The word of the Lord.
6. Lamentations 3:17-26
It is good to hope in silence for the saving help of the Lord.
A reading from the Book of Lamentations
My soul is deprived of peace,
I have forgotten what happiness is;
I tell myself my future is lost,
all that I hoped for from the LORD.
The thought of my homeless poverty
is wormwood and gall;
Remembering it over and over
leaves my soul downcast within me.
But I will call this to mind,
as my reason to have hope:
The favors of the LORD are not exhausted,
his mercies are not spent;
They are renewed each morning,
so great is his faithfulness.
My portion is the LORD, says my soul;
therefore will I hope in him.
Good is the LORD to one who waits for him,
to the soul that seeks him;
It is good to hope in silence
for the saving help of the LORD.
The word of the Lord.
7. Daniel 12:1-3
Many of those who sleep in the dust of the earth shall awake.
A reading from the Book of the Prophet Daniel
In those days, I, Daniel, mourned
and heard this word of the Lord:
At that time there shall arise
Michael, the great prince,
guardian of your people;
It shall be a time unsurpassed in distress
since nations began until that time.
At that time your people shall escape,
everyone who is found written in the book.
Many of those who sleep in the dust of the earth shall awake;
Some shall live forever,
others shall be an everlasting horror and disgrace.
But the wise shall shine brightly
like the splendor of the firmament,
And those who lead the many to justice
shall be like the stars forever.
The word of the Lord.1. HECHOS 10, 34-43 (Forma breve: 10, 34-36. 42-43)
Él es quien Dios ha constituido juez de vivos y muertos.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«En verdad comprendo que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.
Ustedes conocen el mensaje que Dios envió a los hijos de Israel, anunciándoles la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.
[Ustedes saben lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder.
Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén.
Lo mataron colgándolo de un madero, pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió manifestarse, no a todo el pueblo, sino a nosotros, los testigos elegidos de antemano por Dios, que comimos y bebimos con él después de que resucitó de entre los muertos.]
Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.
Todos los profetas dan testimonio de él y anuncian que cuantos creen en su nombre reciben, por medio de él, el perdón de los pecados».
Palabra de Dios.
2. APOCALIPSIS 14, 13
Dichosos los muertos que mueren en el Señor.
Lectura del libro del Apocalipsis
Yo, Juan, oí una voz que venía del cielo y decía:
«Escribe: Dichosos desde ahora los muertos que mueren en el Señor».
«Sí —dice el Espíritu—, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan».
Palabra de Dios.
3. APOCALIPSIS 20, 11—21, 1
Los muertos fueron juzgados según sus obras.
Lectura del libro del Apocalipsis
Yo, Juan, vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él.
La tierra y el cielo huyeron de su presencia, y no quedó lugar para ellos.
Vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y fueron abiertos unos libros.
Después se abrió otro libro, que es el libro de la vida.
Los muertos fueron juzgados según sus obras, conforme a lo que estaba escrito en los libros.
El mar devolvió a los muertos que había en él; también la Muerte y el Abismo devolvieron a los muertos que tenían.
Y cada uno fue juzgado según sus obras.
Después, la Muerte y el Abismo fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la segunda muerte.
Y todo aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.
Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía.
Palabra de Dios.
4. APOCALIPSIS 21, 1-5a. 6b-7
Ya no habrá más muerte.
Lectura del libro del Apocalipsis
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, y el mar ya no existía.
Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, preparada como una novia que se adorna para su esposo.
Entonces oí una voz fuerte que venía del trono y decía:
«Esta es la morada de Dios con los hombres.
Dios habitará con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará siempre con ellos y será su Dios.
Él enjugará todas las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque todo lo antiguo ha desaparecido».
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
«Yo hago nuevas todas las cosas».
«Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin.
Al que tenga sed, yo le daré gratuitamente agua del manantial de la vida.
El vencedor recibirá esta herencia, y yo seré su Dios y él será mi hijo».
Palabra de Dios.
SALMO 23: El Señor es mi Pastor
Salmo 23: 1-3a, 3b-4, 5, 6 Glory & Praise #122
El Señor es mi pastor; nada me faltará.
1. El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar; hacia aguas tranquilas me conduce y reconforta mi alma.
2. Me guía por senderos de justicia por el honor de su nombre. Aunque camine por un valle oscuro, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden confianza.
3. Preparas una mesa ante mí, frente a mis enemigos; unges mi cabeza con aceite y mi copa rebosa.
4. Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
SALMO 27: El Señor es mi Luz
Salmo 27: 1-4, 9-10 Glory & Praise #127
El Señor es mi luz, el Señor es mi luz, el Señor es mi luz y mi salvación.
1. El Señor es mi luz y mi salvación; si Dios es mi auxilio, ¿a quién temeré? El Señor es mi refugio, mi fortaleza y mi fuerza; ¿por qué habría de tener miedo?
2. Una sola cosa pido al Señor: habitar en su casa todos los días de mi vida, contemplar la hermosura del Señor y meditar en su santo templo.
3. Estoy seguro de contemplar la bondad del Señor en la tierra de los vivos. Esperen en el Señor, sean fuertes y valientes de corazón; tengan ánimo y esperen en Dios.
SALMO 84: ¡Qué Amable es tu Morada!
Salmo 84: 2-7, 9, 11-12 Glory & Praise #153
¡Qué amable es tu morada, Señor Dios de los ejércitos!
1. Mi alma anhela y suspira por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman por el Dios vivo. Hasta el gorrión encuentra una casa y la golondrina un nido donde poner sus crías, junto a tus altares, Rey mío y Dios mío.
2. Dichosos los que habitan en tu casa; dichosos aquellos cuya fuerza está en ti. Aunque atraviesen el valle de lágrimas, lo convierten en un lugar de manantiales; la lluvia temprana lo cubre de bendiciones.
3. Señor de los ejércitos, escucha mi oración; atiéndeme, Dios de Jacob. Un solo día en tus atrios vale más que mil en cualquier otro lugar. ¡El Señor es mi sol y mi escudo!
SALMO 103: El Señor es Compasivo y Misericordioso
Salmo 103: 1-4, 6-8, 11 Glory & Praise #166
El Señor es compasivo y misericordioso; misericordioso es el Señor.
1. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
2. Él perdona todas tus culpas y sana todas tus enfermedades. Rescata tu vida de la perdición y te corona de amor y compasión.
3. El Señor hace justicia y defiende los derechos de todos los oprimidos. Dio a conocer sus caminos a Moisés y sus obras a los hijos de Israel.
4. El Señor es compasivo y clemente, lento para la ira y rico en misericordia. Como se elevan los cielos sobre la tierra, así de grande es su amor por quienes lo temen.
SALMO 122: Vamos Alegres a la Casa del Señor
Salmo 122: 1-9 Glory & Praise #175
Vamos alegres, alegres a la casa del Señor. Vamos alegres a la casa del Señor.
1. ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
2. Jerusalén está construida como ciudad bien compacta y unida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, en peregrinación.
3. Allí las tribus dan gracias al nombre del Señor, según la ley de Israel. Allí están los tribunales de justicia, los tribunales de la casa de David.
4. Pidamos la paz para Jerusalén: «Que vivan seguros quienes te aman. Haya paz dentro de tus murallas y prosperidad en tus palacios».
5. Por amor a mis hermanos y amigos, digo: «La paz esté contigo, Jerusalén». Por amor a la casa del Señor, nuestro Dios, deseo todo bien para ti.
1. ROMANOS 5, 5-11
Ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él de la ira.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo murió a su debido tiempo por los pecadores.
Difícilmente habrá quien muera por una persona justa, aunque tal vez alguien se atreva a morir por una persona buena.
Pero Dios demuestra su amor por nosotros en que, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.
Con mayor razón, ahora que hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él de la ira.
Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, con mucha más razón, una vez reconciliados, seremos salvados por su vida.
Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.
Palabra de Dios.
2. ROMANOS 5, 17-21
Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justificación reinarán en la vida por medio de uno solo, Jesucristo.
Así pues, como por una sola transgresión vino la condenación para todos, así también por un solo acto de justicia vino para todos la justificación que da la vida.
Porque así como por la desobediencia de un solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.
La ley intervino para que aumentara la transgresión; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.
De este modo, así como el pecado reinó por medio de la muerte, también la gracia reinará por medio de la justicia para dar la vida eterna por Jesucristo, nuestro Señor.
Palabra de Dios.
3. ROMANOS 6, 3-9 (Forma breve: 6, 3-4. 8-9)
También nosotros llevemos una vida nueva.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
¿Acaso no saben que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva.
[Porque si hemos sido unidos a él en una muerte semejante a la suya, también lo estaremos en una resurrección semejante a la suya.
Sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, para que fuera destruido el cuerpo dominado por el pecado y dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque quien ha muerto ha quedado libre del pecado.]
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.
Palabra de Dios.
4. ROMANOS 8, 14-23
También nosotros gemimos interiormente mientras esperamos la adopción filial y la redención de nuestro cuerpo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
Porque ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud para volver a caer en el temor, sino que han recibido un Espíritu de adopción filial, por el cual clamamos: «¡Abba, Padre!».
El Espíritu mismo da testimonio, junto con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si compartimos sus sufrimientos para compartir también su gloria.
Considero que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se manifestará en nosotros.
La creación espera con gran anhelo la manifestación de los hijos de Dios.
Porque la creación fue sometida a la frustración, no por su propia voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que también ella será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Sabemos que toda la creación gime y sufre dolores de parto hasta el presente.
Y no solo ella, sino también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente mientras esperamos la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
Palabra de Dios.
5. ROMANOS 8, 31b-35. 37-39
¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien los justifica.
¿Quién podrá condenarlos?
Cristo Jesús es quien murió y, más aún, quien resucitó, está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?
¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro o la espada?
Pero en todas estas cosas salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.
Porque estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Palabra de Dios.
6. ROMANOS 14, 7-9. 10c-12
Tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos
Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor.
Así pues, tanto si vivimos como si morimos, somos del Señor.
Porque para esto murió Cristo y volvió a la vida: para ser Señor de los muertos y de los vivos.
Entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué desprecias a tu hermano?
Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios.
Porque está escrito:
«Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua alabará a Dios».
Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.
Palabra de Dios.
7. 1 CORINTIOS 15, 20-28 (Forma breve: 15, 20-23)
Así también en Cristo todos volverán a la vida.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Hermanos:
Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicia de los que han muerto.
Porque así como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos.
Y así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su debido orden: primero Cristo, como primicia; después, en su venida, los que pertenecen a Cristo.
[Después llegará el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios Padre, después de haber destruido todo principado, autoridad y poder.
Porque es necesario que Cristo reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies.
El último enemigo en ser destruido será la muerte, pues Dios ha sometido todas las cosas bajo sus pies.
Pero cuando dice que todas las cosas han sido sometidas, es evidente que se exceptúa a aquel que se las sometió.
Y cuando todas las cosas le hayan sido sometidas, entonces también el mismo Hijo se someterá a aquel que le sometió todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.]
Palabra de Dios.
8. 1 CORINTIOS 15, 51-57
La muerte ha sido absorbida por la victoria.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Hermanos:
Les voy a revelar un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados.
En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al sonar la última trompeta.
Porque sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.
Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad.
Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorruptibilidad y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita:
«La muerte ha sido absorbida por la victoria.
¿Dónde está, muerte, tu victoria?
¿Dónde está, muerte, tu aguijón?».
El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley.
Pero demos gracias a Dios, que nos concede la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
9. 2 CORINTIOS 4, 14—5, 1
Lo que se ve es pasajero, pero lo que no se ve es eterno.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Hermanos:
Sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos llevará, junto con ustedes, a su presencia.
Todo esto es por el bien de ustedes, para que la gracia, al extenderse a un número cada vez mayor de personas, haga abundar la acción de gracias para gloria de Dios.
Por eso no nos desanimamos.
Aunque nuestro cuerpo exterior se va desgastando, nuestro interior se renueva día tras día.
Porque esta tribulación momentánea y ligera nos prepara un peso eterno de gloria que supera toda comparación.
No ponemos nuestra mirada en las cosas que se ven, sino en las que no se ven.
Porque lo que se ve es pasajero, pero lo que no se ve es eterno.
Sabemos que, si se destruye nuestra morada terrenal, que es como una tienda de campaña, tenemos de Dios una casa eterna en el cielo, una morada no construida por manos humanas.
Palabra de Dios.
10. SALMO 143, 1-2. 5-6. 7ab y 8ab. 10
R/. Señor, escucha mi oración.
Señor, escucha mi oración; atiende mis súplicas por tu fidelidad; respóndeme por tu justicia.
No entres en juicio con tu siervo, porque ningún ser viviente es justo ante ti.
R/. Señor, escucha mi oración.
Recuerdo los días antiguos; medito en todas tus obras y considero lo que han hecho tus manos.
Extiendo mis manos hacia ti; mi alma tiene sed de ti como tierra reseca.
R/. Señor, escucha mi oración.
Apresúrate a responderme, Señor, porque mi espíritu desfallece.
Hazme sentir tu misericordia al amanecer, porque en ti confío.
R/. Señor, escucha mi oración.
Enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eres mi Dios.
Que tu Espíritu bondadoso me guíe por un camino llano.
R/. Señor, escucha mi oración.
10. 2 CORINTIOS 5, 1. 6-10
Tenemos una morada eterna en el cielo, construida por Dios.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
Hermanos:
Sabemos que, si se destruye nuestra morada terrenal, que es como una tienda de campaña, tenemos de Dios una casa eterna en el cielo, una morada no construida por manos humanas.
Por eso siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras habitamos en este cuerpo, estamos lejos del Señor.
Porque caminamos guiados por la fe, no por lo que vemos.
Sin embargo, tenemos confianza y preferiríamos dejar este cuerpo para ir a vivir junto al Señor.
Por eso, tanto si permanecemos en este cuerpo como si lo dejamos, procuramos agradarle.
Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que le corresponda por lo que hizo mientras vivía en el cuerpo, sea bueno o malo.
Palabra de Dios.
11. FILIPENSES 3, 20-21
Él transformará nuestro cuerpo humilde para hacerlo semejante a su cuerpo glorioso.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses
Hermanos:
Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo.
Él transformará nuestro cuerpo humilde para hacerlo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para someter a sí mismo todas las cosas.
Palabra de Dios.
12. 1 TESALONICENSES 4, 13-18
Así estaremos siempre con el Señor.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
Hermanos:
No queremos que ignoren lo que sucede con los que han muerto, para que no se entristezcan como los demás, que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, también creemos que Dios llevará con Jesús a los que han muerto en él.
Les decimos esto conforme a la palabra del Señor: nosotros, los que estemos vivos y permanezcamos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que han muerto.
Porque el Señor mismo descenderá del cielo, cuando se dé la orden, se oiga la voz del arcángel y resuene la trompeta de Dios.
Entonces los que murieron en Cristo resucitarán primero.
Después, nosotros, los que estemos vivos y permanezcamos, seremos llevados juntamente con ellos entre las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Por lo tanto, consuélense unos a otros con estas palabras.
Palabra de Dios.
13. 2 TIMOTEO 2, 8-13
Si hemos muerto con él, también viviremos con él.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo
Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, descendiente de David, resucitado de entre los muertos, conforme al Evangelio que yo anuncio.
Por él sufro hasta llevar cadenas como un criminal, pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo soporto todo por amor a los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.
Esta palabra es digna de confianza:
Si hemos muerto con él, también viviremos con él.
Si perseveramos, también reinaremos con él.
Si lo negamos, él también nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Palabra de Dios.
14. 1 JUAN 3, 1-2
Lo veremos tal como es.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
Queridos hermanos:
Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues ha querido que nos llamemos hijos de Dios. ¡Y realmente lo somos!
El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.
Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos.
Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.
Palabra de Dios.
15. 1 JUAN 3, 14-16
Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
Queridos hermanos:
Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos.
El que no ama permanece en la muerte.
Todo el que odia a su hermano es un homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él.
En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Jesucristo dio su vida por nosotros.
Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.
Palabra de Dios.
1. MATEO 5, 1-12a
Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, al ver Jesús a la multitud, subió al monte y se sentó. Sus discípulos se acercaron a él, y comenzó a enseñarles diciendo:
«Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los mansos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos ustedes cuando los insulten, los persigan y digan falsamente toda clase de mal contra ustedes por causa mía.
Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo».
Palabra del Señor.
2. MATEO 11, 25-30
Vengan a mí y yo les daré descanso.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre.
Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.
Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas.
Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor.
3. MATEO 25, 1-13
¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
«El Reino de los cielos será semejante a diez jóvenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran insensatas y cinco eran prudentes.
Las insensatas, al tomar sus lámparas, no llevaron aceite consigo; en cambio, las prudentes llevaron aceite en sus recipientes, además de sus lámparas.
Como el esposo tardaba, a todas les dio sueño y se quedaron dormidas.
A medianoche se oyó un grito: “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”.
Entonces todas aquellas jóvenes se levantaron y prepararon sus lámparas.
Las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”.
Pero las prudentes respondieron: “No, porque podría no alcanzar para nosotras y para ustedes. Mejor vayan a comprarlo a los vendedores”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas. Entonces se cerró la puerta.
Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: “¡Señor, Señor, ábrenos!”.
Pero él respondió: “En verdad les digo que no las conozco”.
Por lo tanto, estén vigilantes, porque no saben ni el día ni la hora».
Palabra del Señor.
4. MATEO 25, 31-46
Vengan, benditos de mi Padre.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones se reunirán ante él, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras.
Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los de su derecha:
“Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; fui forastero y me recibieron; estuve desnudo y me vistieron; enfermo y me cuidaron; en la cárcel y me visitaron”.
Entonces los justos le responderán:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o desnudo y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”.
Y el Rey les responderá:
“En verdad les digo que cuanto hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicieron”.
Después dirá a los de su izquierda:
“Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre y no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; fui forastero y no me recibieron; estuve desnudo y no me vistieron; enfermo y en la cárcel, y no me cuidaron”.
Entonces ellos también responderán:
“Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, forastero o desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?”.
Él les responderá:
“En verdad les digo que cuanto dejaron de hacer por uno de estos más pequeños, también dejaron de hacerlo por mí”.
Y estos irán al castigo eterno, mientras que los justos irán a la vida eterna».
Palabra del Señor.
5. MARCOS 15, 33-39; 16, 1-6 (Forma breve: 15, 33-39)
Jesús dio un fuerte grito y expiró.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos
Al llegar el mediodía, toda la tierra quedó cubierta de tinieblas hasta las tres de la tarde.
Y a las tres, Jesús gritó con voz fuerte:
«Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?».
Que significa:
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
«Miren, está llamando a Elías».
Uno de ellos corrió, empapó una esponja en vino, la puso en una caña y se la acercó para que bebiera, diciendo:
«Esperen, vamos a ver si viene Elías a bajarlo».
Entonces Jesús dio un fuerte grito y expiró.
El velo del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.
Al ver el centurión, que estaba frente a él, cómo había expirado, dijo:
«Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
[Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ir a ungir el cuerpo de Jesús.
Muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro.
Se decían unas a otras:
«¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?».
Pero al mirar, vieron que la piedra había sido retirada, aunque era muy grande.
Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y quedaron muy sorprendidas.
Él les dijo:
«No se asusten. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado. Ha resucitado; no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto».]
Palabra del Señor.
6. LUCAS 7, 11-17
Joven, yo te lo ordeno: ¡Levántate!
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda. Una gran multitud de la ciudad la acompañaba.
Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».
Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron, y Jesús dijo:
«Joven, yo te lo ordeno: ¡Levántate!».
El muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y glorificaban a Dios diciendo:
«Un gran profeta ha surgido entre nosotros» y «Dios ha visitado a su pueblo».
La noticia de lo que Jesús había hecho se difundió por toda Judea y por toda la región vecina.
Palabra del Señor.
7. LUCAS 12, 35-40
También ustedes deben estar preparados.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Estén preparados, con la cintura ceñida y las lámparas encendidas.
Sean como los servidores que esperan a que su señor regrese de una boda, para abrirle inmediatamente cuando llegue y llame.
Dichosos aquellos servidores a quienes su señor encuentre vigilantes cuando llegue.
En verdad les digo que él mismo se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles.
Y si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra preparados, dichosos ellos.
Entiendan bien esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría que entrara a robar en su casa.
También ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que menos piensen».
Palabra del Señor.
8. LUCAS 23, 33. 39-43
Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros!».
Pero el otro lo reprendió diciendo:
«¿Ni siquiera temes a Dios, tú que estás sufriendo la misma condena?
Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el castigo que merecen nuestras acciones; pero este no ha hecho nada malo».
Y añadió:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino».
Jesús le respondió:
«En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso».
Palabra del Señor.
9. LUCAS 23, 44-46. 50. 52-53; 24, 1-6a (Forma breve: 23, 44-46. 50. 52-53)
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Era cerca del mediodía cuando las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta las tres de la tarde, porque el sol se oscureció.
Entonces el velo del templo se rasgó por la mitad.
Jesús gritó con voz fuerte:
«Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
Y, después de decir esto, expiró.
Había un hombre llamado José, miembro del consejo, que era bueno y justo.
Este se presentó ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde todavía no habían sepultado a nadie.
[El primer día de la semana, muy temprano, las mujeres fueron al sepulcro llevando los perfumes que habían preparado.
Encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro.
Entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas por esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras resplandecientes.
Ellas, llenas de temor, inclinaron el rostro hacia el suelo.
Pero ellos les dijeron:
«¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado».]
Palabra del Señor.
10. LUCAS 24, 13-35 (Forma breve: 24, 13-16. 28-35)
¿No era necesario que el Mesías padeciera todo esto para entrar en su gloria?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Aquel mismo día, el primero de la semana, dos discípulos de Jesús iban caminando hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén.
Iban conversando sobre todo lo que había sucedido.
Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos.
Pero sus ojos estaban impedidos de reconocerlo.
[Él les preguntó:
«¿De qué van hablando por el camino?».
Ellos se detuvieron con el rostro triste.
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único visitante de Jerusalén que no sabe lo que ha sucedido allí estos días?».
Él les preguntó:
«¿Qué ha sucedido?».
Ellos le respondieron:
«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo.
Nuestros sumos sacerdotes y gobernantes lo entregaron para que fuera condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él fuera quien liberara a Israel, pero ya han pasado tres días desde que sucedió todo esto.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sorprendido.
Fueron de madrugada al sepulcro y no encontraron su cuerpo.
Regresaron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, quienes les anunciaron que estaba vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron».
Entonces Jesús les dijo:
«¡Qué insensatos y qué lentos de corazón son para creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías padeciera todo esto para entrar en su gloria?».
Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.]
Cuando se acercaron al pueblo al que se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante.
Pero ellos le insistieron:
«Quédate con nosotros, porque ya está atardeciendo y el día está por terminar».
Entonces entró para quedarse con ellos.
Y mientras estaba sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio.
En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su vista.
Entonces se dijeron uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento se levantaron y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, quienes decían:
«¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!».
Ellos, por su parte, contaron lo que les había sucedido por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Palabra del Señor.
11. JUAN 5, 24-29
El que escucha mi palabra y cree ha pasado de la muerte a la vida.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús respondió a los judíos diciendo:
«En verdad, en verdad les digo: el que escucha mi palabra y cree en aquel que me envió tiene vida eterna y no será condenado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad les digo que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán.
Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha concedido al Hijo tener vida en sí mismo.
Y le ha dado autoridad para juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No se sorprendan de esto, porque llega la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán.
Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal resucitarán para la condenación».
Palabra del Señor.
12. JUAN 6, 37-40
Todo el que ve al Hijo y cree en él tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:
«Todo lo que el Padre me da vendrá a mí, y al que venga a mí no lo rechazaré.
Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esta es la voluntad del que me envió: que no pierda nada de lo que me ha dado, sino que lo resucite en el último día.
Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
Palabra del Señor.
13. JUAN 6, 51-58
El que coma de este pan vivirá para siempre, y yo lo resucitaré en el último día.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí y decían:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como el Padre, que tiene vida, me envió y yo vivo por el Padre, también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo.
No es como el pan que comieron sus antepasados, quienes murieron.
El que coma de este pan vivirá para siempre».
Palabra del Señor.
14. JUAN 11, 17-27 (Forma breve: 11, 21-27)
Yo soy la resurrección y la vida.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
[Cuando Jesús llegó a Betania, encontró que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.
Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos tres kilómetros.
Muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por la muerte de su hermano.
Cuando Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa.]
Marta dijo a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Pero incluso ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida.
El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.
Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.
¿Crees esto?».
Ella le respondió:
«Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Palabra del Señor.
15. JUAN 11, 32-45
¡Lázaro, sal fuera!
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, cuando María llegó adonde estaba Jesús y lo vio, cayó a sus pies y le dijo:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió profundamente y se turbó.
Entonces preguntó:
«¿Dónde lo han puesto?».
Le respondieron:
«Señor, ven a verlo».
Y Jesús lloró.
Los judíos decían:
«¡Miren cuánto lo quería!».
Pero algunos comentaban:
«Este, que abrió los ojos al ciego, ¿no podía haber impedido que Lázaro muriera?».
Jesús, profundamente conmovido otra vez, llegó al sepulcro.
Era una cueva cuya entrada estaba cubierta por una piedra.
Jesús dijo:
«Quiten la piedra».
Marta, la hermana del difunto, le respondió:
«Señor, ya debe oler mal, porque lleva cuatro días muerto».
Jesús le dijo:
«¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la piedra.
Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado.
Yo sé que siempre me escuchas, pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Después de decir esto, gritó con voz fuerte:
«¡Lázaro, sal fuera!».
Y el muerto salió, con las manos y los pies atados con vendas y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo:
«Desátenlo y déjenlo caminar».
Muchos de los judíos que habían ido a visitar a María y habían visto lo que Jesús hizo comenzaron a creer en él.
Palabra del Señor.
16. JUAN 12, 23-28 (Forma breve: 12, 23-26)
Si el grano de trigo muere, da mucho fruto.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado.
En verdad, en verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que ama su vida la perderá, y el que desprecia su vida en este mundo la conservará para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también mi servidor.
A quien me sirva, el Padre lo honrará.
[Ahora mi alma está turbada. ¿Y qué voy a decir? ¿Padre, líbrame de esta hora?
Pero precisamente para esto he llegado a esta hora.
Padre, glorifica tu nombre».
Entonces vino una voz del cielo:
«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».]
Palabra del Señor.
17. JUAN 14, 1-6
En la casa de mi Padre hay muchas moradas.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No se turbe su corazón.
Creen en Dios; crean también en mí.
En la casa de mi Padre hay muchas moradas.
Si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles un lugar?
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.
Y ya conocen el camino para llegar adonde voy».
Tomás le dijo:
«Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos conocer el camino?».
Jesús le respondió:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Nadie va al Padre sino por mí».
Palabra del Señor.
18. JUAN 17, 24-26
Quiero que donde yo esté, también estén conmigo los que me has dado.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre, quiero que los que me has dado estén también conmigo donde yo esté, para que contemplen mi gloria, la que tú me has dado, porque me amabas desde antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y estos han reconocido que tú me enviaste.
Les he dado a conocer tu nombre y seguiré dándoselo a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo también esté en ellos».
Palabra del Señor.
19. JUAN 19, 17-18. 25-39
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Lectura del santo Evangelio según san Juan
En aquel tiempo, tomaron a Jesús, y él, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota.
Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Después dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
«Tengo sed».
Había allí un recipiente lleno de vino agrio.
Entonces empaparon una esponja en aquel vino, la sujetaron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Cuando Jesús tomó el vino, dijo:
«Todo está cumplido».
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Como era el día de la preparación y los judíos no querían que los cuerpos permanecieran en la cruz durante el sábado, porque aquel sábado era un día especialmente solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran.
Fueron entonces los soldados y quebraron las piernas al primero y luego al otro que había sido crucificado con Jesús.
Pero cuando llegaron a Jesús, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas.
Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura:
«No le quebrarán ningún hueso».
Y en otro lugar dice:
«Mirarán al que traspasaron».
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús.
Pilato se lo concedió.
Entonces José fue y retiró el cuerpo.
También llegó Nicodemo, aquel que anteriormente había ido a ver a Jesús de noche, llevando una mezcla de mirra y áloe, de unas cien libras de peso.
Palabra del Señor.
OPCIÓN 1
Introducción del sacerdote
Hermanos y hermanas:
Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre, donde intercede por su Iglesia.
Confiando en que Dios escucha las voces de quienes ponen su confianza en el Señor Jesús, unamos nuestras oraciones a las suyas.
Lector: Después de cada petición, respondamos: «Escucha nuestra oración».
Peticiones
Lector:
Por N., quien recibió la luz de Cristo en el bautismo. Disipa ahora las tinieblas y guíalo(a) a través de las aguas de la muerte.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Nuestro(a) hermano(a) N. fue alimentado(a) en la mesa del Salvador. Recíbelo(a) en el banquete celestial.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Muchos amigos y familiares nos han precedido en la muerte y esperan la llegada del Reino. Concédeles una morada eterna junto a tu Hijo.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Cada día muchas personas mueren a causa de la violencia, la guerra y el hambre. Muestra tu misericordia a quienes sufren injustamente estas ofensas contra tu amor y recíbelos en el Reino eterno de la paz.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Aquellos que confiaron en el Señor ahora descansan en él. Concede alivio, descanso y paz a todos aquellos cuya fe solo tú conoces.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Estamos aquí reunidos con fe y confianza para orar por nuestro(a) hermano(a) N. Fortalece nuestra esperanza para que vivamos aguardando la venida de tu Hijo.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Oración del sacerdote
Señor Dios, fuente de paz y sanador de las almas, escucha las oraciones de nuestro Redentor, Jesucristo, y las súplicas de tu pueblo, cuyas vidas fueron rescatadas por la sangre del Cordero.
Perdona los pecados de todos los que descansan en Cristo y concédeles un lugar en tu Reino.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
OPCIÓN 2
Introducción del sacerdote
Dios, Padre todopoderoso, resucitó de entre los muertos a su Hijo Jesucristo. Con confianza, pidámosle que salve a todo su pueblo, tanto a los vivos como a los difuntos.
Lector: Después de cada petición, respondamos: «Escucha nuestra oración».
Peticiones
Lector:
Por N., quien recibió en el bautismo la promesa de la vida eterna, para que ahora sea admitido(a) en la compañía de los santos.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Por N., quien se alimentó del Cuerpo de Cristo, Pan de Vida, para que resucite en el último día.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Por nuestros familiares y amigos difuntos, y por todos aquellos que nos han ayudado durante nuestra vida, para que reciban la recompensa de sus buenas obras.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Por quienes han muerto con la esperanza de resucitar, para que puedan contemplar a Dios cara a cara.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Por los familiares y amigos de N., para que encuentren consuelo en su dolor por medio del Señor, que lloró ante la muerte de su amigo Lázaro.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Por todos nosotros, reunidos aquí para celebrar nuestra fe, para que un día volvamos a encontrarnos en el Reino de Dios.
Señor, en tu misericordia.
Todos: Escucha nuestra oración.
Oración del sacerdote
Dios nuestro, refugio y fortaleza, tú escuchas con amor el clamor de tu pueblo.
Escucha las oraciones que te presentamos por nuestros hermanos y hermanas difuntos.
Purifícalos de sus pecados y concédeles la plenitud de la redención.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
OPCIÓN 3
Introducción del sacerdote
Queridos hermanos y hermanas:
Unámonos en oración a Dios, no solo por nuestro(a) hermano(a) difunto(a), sino también por la Iglesia, por la paz en el mundo y por nosotros mismos.
Lector: Después de cada petición, respondamos: «Señor, escucha nuestra oración».
Peticiones
Lector:
Para que los obispos y sacerdotes de la Iglesia, y todos los que anuncian el Evangelio, reciban la fortaleza necesaria para poner en práctica la Palabra que proclaman.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que quienes ejercen cargos públicos promuevan la justicia y la paz.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que quienes cargan con la cruz del sufrimiento físico o espiritual nunca se sientan abandonados por Dios.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios libere el alma de su siervo(a) N. del castigo y de los poderes de las tinieblas.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios, en su misericordia, perdone todas sus faltas.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios lo(a) reciba en su luz y en su paz.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios lo(a) llame a disfrutar de la felicidad eterna en compañía de todos los santos.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios reciba en su gloria a nuestros familiares y amigos que han partido de esta vida.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios conceda un lugar en el Reino de los cielos a todos los fieles difuntos.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Oración del sacerdote
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, concede a las almas de tus siervos difuntos el perdón de todos sus pecados.
Escucha nuestras oraciones por aquellos a quienes amamos y concédeles el perdón que siempre han deseado.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
OPCIÓN 4
Introducción del sacerdote
Invoquemos con fe a Dios, Padre todopoderoso, que resucitó de entre los muertos a su Hijo Jesucristo, mientras oramos por la salvación de los vivos y de los difuntos.
Peticiones
Lector:
Para que Dios se digne admitir para siempre en la compañía de los santos a su siervo(a) difunto(a) N., quien recibió en el bautismo la semilla de la vida eterna.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios resucite en el último día a N., quien se alimentó del Cuerpo de Cristo, Pan de Vida eterna.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
O bien, si el difunto era sacerdote:
Para que Dios conceda a N. participar de la liturgia celestial, pues ejerció el ministerio sacerdotal en la Iglesia.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios conceda a las almas de nuestros hermanos y hermanas, amigos y bienhechores difuntos la recompensa por sus buenas obras.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios reciba en la luz de su rostro a todos los que han muerto con la esperanza de la resurrección.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios ayude y consuele con su misericordia a nuestros hermanos y hermanas que sufren alguna aflicción.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Para que Dios se digne reunir en su Reino glorioso a todos los que nos hemos congregado aquí con fe y devoción.
Roguemos al Señor.
Todos: Señor, escucha nuestra oración.
Oración del sacerdote
Señor, que las oraciones de quienes te invocan beneficien a las almas de tus siervos difuntos.
Líbralos, te rogamos, de todos sus pecados y hazlos partícipes de tu redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
1. OCF, 30: «La música es parte integral de los ritos funerarios. Permite a la comunidad expresar convicciones y sentimientos que las palabras por sí solas no logran transmitir. Tiene el poder de consolar y reconfortar a los dolientes y de fortalecer la unidad de la asamblea en la fe y el amor. Las letras de los cantos elegidos para una celebración particular deben expresar el misterio pascual del sufrimiento, la muerte y el triunfo del Señor sobre la muerte, y deben estar relacionadas con las lecturas de las Sagradas Escrituras».
2. OCF, 31: “En lugar de adoptar canciones populares seculares que son inapropiadas para un contexto litúrgico, deberíamos buscar buena música litúrgica con un tema pascual que pueda “apoyar, consolar y elevar a los participantes y ayudar a crear en ellos un espíritu de esperanza en la victoria de Cristo sobre la muerte y en la participación del cristiano en esa victoria”.
I. Plegaria Eucarística I (El Canon Romano)
Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, el sacerdote dice:
Acuérdate también, Señor, de tus siervos N. y N., que nos precedieron con la señal de la fe y descansan en el sueño de la paz. Junta las manos y ora brevemente por los que han muerto y por quienes piensa orar. Luego, con las manos extendidas, continúa: Concédeles, Señor, te rogamos, y a todos los que duermen en Cristo, un lugar de descanso, luz y paz.
II. Plegaria Eucarística II
En las misas de difuntos, se puede añadir lo siguiente: Acuérdate de tu siervo N., a quien has llamado (hoy) de este mundo a ti. Concede que aquel (ella) que se unió a tu Hijo en una muerte semejante a la suya, también se una a él en su resurrección.
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Acuérdate también de nuestros hermanos y hermanas que han muerto esperando la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia: recíbelos en la luz de tu rostro.
III. Plegaria Eucarística III
† A nuestros hermanos y hermanas difuntos y a todos aquellos que te fueron gratos al partir de esta vida, dales la bienvenida a tu reino.
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Cuando esta Plegaria Eucarística se utiliza en las Misas de Difuntos, se puede decir lo siguiente:
† Acuérdate de tu siervo N., a quien llamaste hoy de este mundo para que esté contigo. Concede que aquel que se unió a tu hijo en una muerte semejante a la suya, también se una a él en su Resurrección, cuando de la tierra resucitará en carne a los que han muerto y transformará nuestro humilde cuerpo según el modelo de su propio cuerpo glorioso.
† A nuestros hermanos y hermanas que han partido, y a todos aquellos que te agradaron al partir de esta vida, dales la bienvenida a tu reino. Allí esperamos disfrutar eternamente de la plenitud de tu gloria, cuando enjugarás toda lágrima de nuestros ojos. Porque al verte, Dios nuestro, tal como eres, seremos como tú por los siglos de los siglos y te alabaremos sin cesar…
IV. Plegaria Eucarística IV
† Acuérdate también de los que han muerto en la paz de tu Cristo y de todos los muertos, cuya fe solo tú has conocido.
V. Oración Eucarística para la Reconciliación I
† Ayúdanos a trabajar juntos por la venida de tu Reino, hasta la hora en que estemos ante ti, santos entre los santos en las moradas celestiales, con la Santísima Virgen María, Madre de Dios, [con el bienaventurado José, su esposo], con los bienaventurados apóstoles y todos los santos, y con nuestros hermanos y hermanas difuntos, a quienes humildemente encomendamos a tu misericordia. Entonces, liberados por fin de la herida de la corrupción y hechos plenamente de una nueva creación, te cantaremos con alegría.
VI. Reconciliación II
† Así como nos has reunido ahora en la mesa de tu Hijo, concédenos también a la gloriosa Virgen María, Madre de Dios, [con el bienaventurado José, su esposo], a tus bienaventurados apóstoles y a todos los santos, a nuestros hermanos y hermanas y a los de toda raza y lengua que han muerto en tu amistad. Llévanos a compartir con ellos el banquete eterno de la unidad en un cielo nuevo y una tierra nueva, donde resplandecerá la plenitud de tu paz.
A. Oración eucarística para diversas necesidades
† Acuérdate de nuestros hermanos y hermanas (N. y N.), que han muerto en la paz de tu Cristo, y de todos los difuntos, cuya fe solo tú has conocido. Admíteles que se regocijen en la luz de tu rostro, y en la resurrección concédeles la plenitud de la vida. Concédenos también a nosotros, cuando hayamos terminado nuestra peregrinación terrenal, que podamos
vendremos a una morada eterna y viviremos juntos para siempre; allí, en comunión con la Santísima Virgen María, Madre de Dios, con los apóstoles y mártires, (con san N.: el santo del día o Patrono) y con todos los santos, te alabaremos y exaltaremos por Jesucristo, tu Hijo.
